Las Buenas Prácticas de Manufactura, también conocidas como GPM (por sus siglas en inglés), comprenden un conjunto de políticas, principios básicos y condiciones, que han sido establecidas para garantizar y asegurar la calidad y la higiene del producto final. A través de las BPM, se fomenta y establece un mercado seguro, que se guía básicamente por los mismos Principios de Higiene de los Alimentos, establecidos en el Codex Alimentario, y se proporciona confianza y seguridad hacia los consumidores del producto. Esta serie de normas constituye lo que hoy día se conoce como el Sistema de Gestión de Calidad de la empresa.

Cualquier entidad puede ser promotora de las buenas prácticas, y aplicarlas a sus procesos: desde un laboratorio, una empresa, una administración, o un organismo corporativo; siendo mayormente empleadas para aquellos que trabajan en áreas que tienen que ver directamente con aspectos relacionados a la salud, el medio ambiente o la seguridad, como lo son: farmacia, alimentación, la biomedicina, la agricultura, la farmacología, condiciones laborales, etc.

En función de esto, a cada tipo de producto le corresponden parámetros diferentes, que son contemplados por las diferentes normas y reglamentos (nacionales e internacionales), sobre Vigilancia y Control Sanitario, que rigen el conjunto de estas prácticas higiénicas y de saneamiento, aplicables a las plantas donde se han de producir. Para el caso de los Productos farmacéuticos, Cosméticos y Productos Naturales Medicinales para uso humano, todos ellos se rigen por el Manual de Normas de las Buenas Prácticas de Fabricación y Almacenamiento para la Industria Farmacéutica, que contempla todas las prácticas referentes a las condiciones y medidas necesarias para asegurar la inocuidad y la aptitud de los medicamentos (tanto alopáticos como herbales) en todas las fases de la cadena de consumo. Las Buenas Prácticas hacen posible la evolución del control de calidad, más allá del mero proceso de producción, transformándola en un sistema de control durante toda la cadena del mismo, lo que constituye la base del Aseguramiento de la Calidad. Esto solo es posible, aplicando una serie de puntos de control en cada fase del proceso de fabricación (llamados puntos críticos), para garantizar que los productos se fabriquen en condiciones sanitarias adecuadas; e igualmente a lo largo de toda la cadena de almacenamiento, transporte y distribución del producto terminado, con el fin de disminuir los riesgos inherentes a estas etapas, que puedan poner en peligro o afectar la seguridad de los mismos. El resultado será un producto apto e inocuo para el consumo humano, ajustado a los estándares señalados por la norma.

Entre los aspectos a evaluar y controlar, se incluyen:

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.